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El Secreto De La Escuela De La Señorita Olga

Hay maestros que no  tratan a los alumnos como unas cabezas huecas con patas, unos sabelonada que necesita recibir la bendición del  saber que no pidieron...  Y ver que eso pasaba también hace setenta años parece sacado de un cuento de hadas, pero es realmente genial. Obviamente no fue ni la primer experiencia de este tipo, y tampoco la última que desafia la hegemonía. Pero es realmente genial (la repetición no es casual).  El mayor secreto para mi entender es que el  encuentro está centrado en el alumno y que esto no atenta al saber en este triángulo amoroso. A partir de ahí no es extraño que esté  vinculado fuertemente con el entorno natural, con el barrio y sus personajes, con una democracia vivida, NO TEORIZADA Y CONTRADECIDA EN EL DIA A DIA. Un cuaderno rebalsado  de arte, de libertad de expresión... , una escuela con títeres y escritores... No  sorprende la impronta que dejo en sus alumnos, en aquellos que vivieron esa experiencia  ni tampoco el quiebre terrible que tuvieron cuando un cachetazo los volvió a la pedagogía del árbol marrón y la disciplina.

Una docente genial (como su hermana), con un talento especial, sensitivo, capaz de  aprovechar una situación para  proponer (y llevar a cabo con èxito) a partir de un cuento,  un coro de pàjaros que enorgullecía a esos miembros que entre sus habilidades figuraba escuchar e incorporar  el canto de las aves locales...  

La violencia de la puerta clausurada es el sistema que no le gusta que lo desafien mucho. Te deja llegar pero hasta ahí, marcando distancia sin ceder poder. Pero no hay puerta ni pared que cierre las mentes, ni los corazones (al menos no a todas) y por más  que quieran hacernos creer  que deben caminar por caminos separados, como el agua que baja por las laderas se junta y se adquiere fuerza.   El mensaje más fuerte es que otra escuela es posible. Otra organización, otro vínculo... Que el timbre no es la única forma de llamar a un recreo y que es posible  que los chicos no salgan desesperadamente hacia un patio de libertad. Que esa escena tan naturalizada no es sino un signo de que "algo anda mal" ahí.  Y eso vale la pena intentar. Tal vez a los pájaros los espantó algún agroquímico, al bosque lo taló una máquina, a los chicos les Tinellisan la cabeza, pero siguen teniendo sueños, sonrisas y derechos a una vida mejor.

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